PALABRAS
PÓSTUMAS
EN EL DÍA DE LAS MADRES
Rubén Cedeño
Rohnert Park, 22.4.2007
ÚLTIMOS DÍAS
Dando conferencias en Guayaquil, hoy domingo 22 de Abril, recibí
por Internet la noticia de mi hermano, que hacía una hora había
desencarnado Norita. Era un asunto que lo esperaba de un momento a otro
y para el que creía que estaba preparado para afrontar, pero no
fue así. Cancelé la última conferencia que me quedaba
por dar en esa ciudad y salí de emergencia al aeropuerto rumbo
a San Francisco. Ya sentado en el avión, sin saber que hacer, sin
comprender el profundo dolor, las sensaciones diversas y la confusión
de sentimientos que sentía dentro de mí, me puse a escribir.
Siento que una parte de mí ha muerto. Ese resto de mí está
ahora en el más allá. De ahora en adelante andaré
con una mitad en los planos celestiales con Norita y otra en la tierra.
El miércoles pasado, hace 4 días, hablé por última
vez con Norita y me dijo: “Despídete de mí”.
Llevaba meses sufriendo de eficema pulmonar, muriéndose lentamente,
pero totalmente consciente y hablando siempre entusiasta y juvenil como
si estuviera sana, no parecía enferma. Sufría mucho, pero
no se moría. Un día por teléfono me dijo que le hiciera
un tratamiento metafísico para que Dios se la llevara de la encarnación
sin sufrir. Le pedí al Arcángel Miguel que le cortara toda
atadura del plano Físico y que la “Llama de la Ascensión”
la envolviera como a Jesús y la ascendiera. La puse a que se visualizara
desprendiéndose de todos los apegos, físicos y emocionales.
Le dije que la muerte no existía, que donde estuviera iba a seguir
viva; que al desencarnar, buscara a Conny Méndez y a Katiuska Cordido,
que ellas la habían querido mucho y la iban a acompañar
y no iba a estar sola. Ya llevaba meses hablando con Norita de forma muy
franca y directa sobre su desencarnación.
Cuando la gente está terminal y es inminente su tránsito
al otro plano, es inútil hacerle tratamientos de curación
o darle esperanzas de vida física, se debe hablar positivamente,
pero francamente, acerca del cambio de plano, prepararla para ese momento
tan importante e inculcarle contundentemente que la muerte no existe.
Una vez, Norita me dijo que la incineraran y me habló de un parque
llamado “Viña del Mar” en Sausalito a orillas de la
Bahía de San Francisco, donde quería que derramaran sus
cenizas. Me mandó a Buenos Aires, donde estaba, la foto del sitio,
pero nunca llegó. La última vez que la visité en
Rohnert Park, mandé a buscar una silla de ruedas. Con Norita y
el auxilio de Sebastián, que alquiló un auto, y cargando
con varias bombonas de oxígeno para que pudiera respirar, nos fuimos
a Sausalito y me señaló el parque que sería el último
destino de sus restos. El parque era bellísimo, lleno de luz, mucha
vegetación y flores, lo adornaba en el centro una fuente y dos
elefantes gigantescos en piedra flanqueaban su entrada. Después
de tomarle fotos, llevé a Norita a tomar café en el Starbucks
Cafe que estaba en diagonal al lugar que le encantaba. Luego me hizo que
la llevara a una tienda de moda donde le compré una ropa muy moderna
que escogió.
Después que le hice el tratamiento para desencarnar, al siguiente
día, me enteré que luego de colgar el teléfono le
dio una crisis, se enfrió, perdió el conocimiento y posteriormente
me contó ella misma, que se había ido. Pero al llevarla
al hospital, la revivieron y volvió. Así continuó
muchos días más, sin explicarnos porqué seguía
viva, tan mal que estaba. La última vez que hablé con ella,
cuando me dijo “despídete de mí”, agrego: “No
me muero por todo el mal que te he hecho”. Cuando me dijo eso, me
di cuenta que había tocado fondo y que ahora sí se iría.
Todos los seres humanos, cuando estamos conscientes de nuestra inminente
desencarnación, y si no, al instante de hacer el tránsito,
de forma automática e involuntaria, hacemos un análisis
de toda nuestra vida, tanto lo bueno como lo menos bueno que hemos hecho.
Lo bueno que hemos hecho, para reafianzar los Aspectos de Dios en nuestra
alma, y los menos buenos, para concienciar lo que no debimos haber hecho
y pedir perdón. Después de oír esa dura confesión
de los labios de Norita, le contesté: “Si eso es lo que no
te deja morir, una vez más te perdono, te suelto y te dejo ir.
Te amo mucho. Ve como asciendes al cielo, como lo hizo la Madre Maria,
que su cuerpo lo llevaban los Ángeles”.
Para una persona en etapa terminal, siempre el perdón es lo mas
útil y necesario. Perdonar al que desencarna y que el que se va
del plano perdone, alivia, libera, ayuda, asciende y lleva hacia Dios
al que está en el tránsito.
UN PRIMOGÉNITO
Dios me permitió estrenar el vientre de Norita como madre. Fui
su primer hijo. Conmigo aprendió a amamantar, a cambiar pañales,
a todo lo que conlleva ser madre. Pero esto no duró mucho. Al año
de haber nacido, vino a la encarnación mi hermano Eduardo y mi
bisabuela, para ayudar a Norita en los días del parto, me llevó
con ella a su casa y allí me quedé, no quise regresar más,
y Norita dejó la cosa así. A Norita siempre le dije “mamá”,
pero un día me contó que cuando empecé a hablar,
lo primero que le dije fue “Nora” y eso le sonó a sus
oídos como lo más dulce que en su vida había escuchado.
Los familiares que me rodeaban me enseñaron a decirle “mamá”,
pero me dijo que esa palabra nunca la escuchó más linda
que cuando le decía “Nora”. Después de enterarme
de esto, siempre le dije “Norita”. Ella, en cambio, nunca
me llamó por mi nombre, me decía “Negrito” y
me encantaba, pero nunca permití que nadie más me llamara
así. Cuando descubrí que el significado del nombre del Dios
Krishna era parecido a como Norita me decía, quedé encantado.
Hay muy pocos seres humanos, pero los hay, que rechazan a su madre y la
odian hablando horrores de ella. Otros, que son la mayoría, contrariamente
piensan que su madre es la mejor del mundo. No puedo decir ni lo uno ni
lo otro. En Norita, para mí, se mezclaba una madre ejemplar, con
sobresalientes virtudes de carácter heroico, mezclado con una braveza
que a sus hijos y a mi papa, en muchos momentos, no nos agradaba mucho.
Pero haciendo un balance positivo del hecho, esto causó en mí
que por reaccionarle, desarrollara el carácter fuerte que tengo
y que me ha servido de mucho en la vida, sobre todo para triunfar por
encima del mal, y esto ya es decir mucho. Decía Santa Teresa de
Ávila: “Dios escribe derecho con los renglones torcidos”.
Dios me dio una madre así para que fuera como soy, y de un defecto,
sugiera una virtud.
Toda madre humana es una encarnación de la Madre Divina. En unas
madres humanas, la Madre Divina encarna su aspecto auspicioso; en otras,
el misericordioso; y así, muchos aspectos más. Pero esos
aspectos de la Madre Divina no los encarnó Norita, sino el más
fuerte y tremendo, el de la Madre Kâli.
VIRTUDES
Norita fue una madre totalmente abnegada y entregada a su hogar, a nosotros,
sus hijos, y mi papá. Nunca dejó de cumplir sus funciones
físicas como madre. Una trabajadora incansable de toda la vida,
tanto en la casa como para producir nuestro sustento. Siempre estuvo presente
en los asuntos relacionados con el hogar, jamás evadió una
sola de sus responsabilidades en este sentido. Nunca permitió que
hablara ni escribiera el castellano con un error y me regañó
por esto, hasta las últimas horas de su vida, lo que me hizo, sin
ser escritor, que pudiera escribir, y sin saber expresarme correctamente,
que fuera conferencista a nivel internacional. Se lo agradeceré
de por vida. A pesar de ser desafinada, fue la que me enseñó
a cantar. Mientras a mi hermano Eduardo mi papá le enseñaba
la Opera Tosca y Paglici, Norita me enseñaba los “Cinco Pollitos”.
Terminé graduándome de Profesor Ejecutante de Canto, y le
agradezco a Norita que me diera las primeras lecciones de canto. Jamás
me permitió que saliera de la casa mal vestido, nunca dejó
de lavarme y plancharme la ropa, me obligó a vestir siempre elegantemente.
Me hizo ser vegetariano, casi de nacimiento, y no dejó de cocinarme
y servirme la mesa ninguna vez. Siempre mantuvo la casa impecablemente
limpia, estrictamente ordenada y la totalidad de sus paredes pintadas
de blanco, diciendo que era un templo. Me inculcó desde que estaba
en su vientre el amor, devoción y admiración a Conny Méndez,
lo que marcó mi vida, y me permitió hacerme metafísico,
que es la única razón de mi existir. Me enseñó
a atender a la gente y servirle de la manera más deferente; a mantener
el estricto orden físico de las cosas, sean documentos, enseres
y demás objetos necesarios para vivir; me educó en la importancia
de viajar y valorar lo que esto significa en la vida para nuestro crecimiento
y me instruyó en tantas cosas más imposibles de enumerar.
No olvidaré en la vida ese maravilloso primer viaje a Egipto que
hice a su lado.
Norita tenía “Conciencia de Prosperidad”, incluso en
momentos de escasez, lo que hizo que nunca nos enteráramos de esos
escasos y salteados días en que los negocios que atendía
con mi padre no iban bien. No éramos ricos económicamente,
pero por todas partes en la casa había dinero. A veces llegaba
el heladero o le pedíamos algo, y si no tenía, decía:
“busquen por allí a ver qué encuentran”, y metido
en los adornos, ceniceros y floreros, debajo de la cama, en las repisas,
siempre encontrábamos dinero y casi siempre de sobra. Su refrigeradora
y estantes siempre estuvieron rebosantes de comida y por doble cantidad
de la necesitada. En la casa todo lo había por partida múltiple,
cantidad de rollos de cinta pegante, engrapadoras, tijeras, lápices,
shampoo, jabones, bolsas o lo que fuera. Cada vez que un perrito callejero
se acercaba a la casa o donde ella estuviera, salía con un platico
de comida a dárselo, aunque fuera a la media noche, gesto en que
la acompañé varias veces, que me hizo despertar un profundo
amor por los animales y por San Francisco, santo por el que Norita tuvo
especial predilección.
LO QUE HABÍA QUE TRANSMUTAR
¿Cuáles eran esas cosas por las que Norita me decía
que no se podía morir por todo el mal que me había hecho?
Cuando no concienciamos nuestras fallas de una vida, es el motivo para
volver a encarnar, a pagar nuestras deudas de amor, o según las
creencias cristianas tradicionales, para ir a un purgatorio o infierno,
si las fallas fueron muy graves. Si por el contrario, concienciamos nuestros
errores y pedimos perdón por ellos, es el motivo de la disolución
del karma, nos alivia el tener que sufrir y nos hace ascender sin obstáculos
a la Presencia de Dios.
Algunas mujeres que no son enseñadas ni aprenden para ser madres,
crían a sus hijos con grandes aciertos, que el instinto o el reflejo
de la educación que recibieron en sus casas les inclina. Pero al
mismo tiempo, a veces acompañan estos acertamientos con grandes
fallas, producto de una falta de preparación para ser madres, que
no es culpa de ellas, sino de una herencia social que no se ocupa de esto.
Aunque hoy en día, por los medios de comunicación, se instruye
mucho sobre cómo ser padres, en la época de Norita y anterior
a ella, no se hablaba de ello y las mujeres que fueron excelentes madres,
fue a la buena de Dios. Norita tuvo sus fallas, como cualquier hijo puede
decir que las tuvo su madre, y no lo digo por acusarla, sino como un acto
de conciencia que ella misma vivenció y por el cual repetidas veces
conversamos en una verdadera y sincera actitud de perdón y transmutación.
La mención a esas fallas las he borrado. Norita repetidas veces
me pidió perdón por ellas y la perdoné, y lo verdaderamente
perdonado, se olvida.
Contrariamente a esas fallas que cualquier persona tiene, Norita para
los demás era dulce, desvivida en detalles, atenta al extremo y
entregada. Nadie que la conoció podría imaginarse que en
algunas actitudes con nosotros fuera como fue. Todos hablaban maravillas
de su manera de ser. Los que más la admiraron fueron su gente de
la Schola Cantorum de Caracas, Maria Guinand, Alberto Grau y los coralistas
de Venezuela, y Norita los adoró hasta el último día
de su vida, algo que me complacía, porque ellos se lo merecían.
Me crié con mis abuelos, y a mi parecer, creo que siempre fue Eduardo
su hijo favorito. Yo era enfermizo, siempre había que estarme llevando
a los hospitales en emergencia. Le ocasioné problemas en la escuela
y la citaban siempre por las visiones que tenía de la virgen y
revuelos que causaba entre mis compañeros recogiendo donaciones
para los pobres. Tal vez fui más problemático de lo que
ella podía comprender y manejar. Por eso tal vez conmigo tuvo muchas
reacciones fuertes. Como conocía la metafísica, le aplicaba
todo lo que Conny me había enseñado. Nunca le guardé
rencor por sus salidas y aunque me daban dolor algunas de sus reacciones,
en el momento que ella hacía sus cosas, rápidamente la perdonaba
y olvidaba.
El mito familiar acusaba éstas inesperadas reacciones de Norita
a causas genéticas, donde se decía que su abuela se inyectó
morfina durante su embarazo y esto desató, tanto en la madre de
Norita como en ella, cambios intempestivos de carácter.
BIEN OCULTO
Como todo tiene su bien oculto, con el tiempo, meditando sobre mi vida
en relación con Norita, me di cuenta que ese trato duro de mi madre,
fue el que me permitió dedicarme a viajar por el mundo enseñando
metafísica sin tener problemas de apego a la familia o a la patria,
ser fuerte, actuar sin esperar recompensas, ejercitar el perdón
a toda costa y a cualquier precio, soportar los embates de la critica,
la condenación, sin que me traumatizara ni me minimizara. En cuanto
al trato despreocupado que siempre tuvo Norita en relación a mi
salud, ha hecho que en la soledad de mis múltiples viajes no me
desespere por algunas afecciones que he sufrido, e incluso, en total equilibrio,
vivencié una operación del corazón de emergencia
en Helsinki en completa soledad y sin hablar finlandés. Norita
fue el campo de entrenamiento para afrontar las vivencias duras de mi
existir, y creo que me hizo aprender muy bien las lecciones. Gracias Norita.
Creo que Norita comenzó a exteriorizar y verbalizar lo que me quería
y valoraba, cuando empezaron los primeros síntomas de su enfermedad.
Inició a decirme por primera vez en su vida: Negrito, estoy muy
orgullosa de ti y de lo que haces.
ENCUENTRO CON LA MADRE
Los “Ángeles del Plan Divino” manejaron sus hilos invisibles.
Mis abuelos que me criaron se fueron muriendo y ya no pude vivir más
en su casa y volví a residir con mis padres. En vista que la familia
de mi padre, aunque descendientes de españoles, casi en su totalidad
son estadounidenses, mis hermanos desde muy jóvenes se fueron a
vivir en USA, y allá se nacionalizaron, se graduaron e hicieron
sus familias. Mi padre, en un momento de la vida, se quedó a vivir
con uno de mis hermanos, tal vez por un deseo frustrado, que su padre,
siendo estadounidense, nunca lo reclamó y jamás se lo llevó
a vivir a Norte América. Mientras tanto, me iba quedando solo con
Norita en Caracas.
Viviendo solo con Norita comenzó a pasar algo: a nivel emocional
comencé a descubrir un amor indescriptible por ella como nunca
antes lo había sentido. En las tardes, cuando Norita concluía
las horas de trabajo, la buscaba en la oficina de la Schola Cantorum donde
era una ejemplar secretaria y la llevaba a comer, cada vez a un lugar
distinto. Íbamos al cine, asunto que le encantaba, sobre todo las
películas de terror. Fueron infinitos los días que los dos
solitos andábamos por las calles de Caracas abrazados. Como Norita
me parió tan joven y siempre conservó su apariencia juvenil,
hasta en su vestir a la moda, la gente creía que éramos
novios, y que me lo dijeran me encantaba. Como después de Conny,
auto asumí la dirección de decenas de grupos de metafísica
en el mundo y necesitaban que les escribiera instrucción, Norita
se tomó la tarea de pasarme a máquina los libros que con
enseñanza metafísica concebía. Lo hacía en
las noches, cuando llegaba a la casa cansada, o en la madrugada, en el
trabajo, al que siempre llegó muy temprano. Sin ninguno de los
dos saber de impresión, compaginábamos las matrices de los
libros y con tiritas de papel del tamaño de las palabras bien escritas,
las pegábamos con goma sobre los términos con errores, y
así los armábamos para mandarlos a imprimir en un sistema
rápido y económico para la época llamado “OFF
SET”. Todos los estudiantes de metafísica tendrán
que agradecerle a Norita lo que hizo por ellos. Conny y Carola ya habían
desencarnado. Éramos los que quedábamos vivos y activos
del grupo fundador de la metafísica sosteniendo la llamita que
Conny una vez encendió en nuestros corazones. Fueron mis años
más felices vividos al lado de Norita. Vivencié junto a
Norita una real transmutación. Eso me hizo ver claramente que los
tratamientos de Amor y Perdón que me enseñó Conny
Méndez funcionaban de verdad.
Norita, de tanto ir a USA a ver a mis hermanos y estar con mi papá,
un día se quedó a vivir en Rohnert Park, a una hora al norte
de San Francisco. En la casa de Caracas no dejó ni un par de medias.
Cuando me percaté de esto, dije con dolor: “Se fue para no
volver”, y así fue. Su ausencia me punzó en el alma.
Por primera vez lloré por su partida de Caracas, pero ya vivía
viajando por el mundo dando conferencias.
Comencé a vivir otra hermosa etapa con Norita, esta vez en California.
La visitaba cada vez que podía. Mi mamá realizó el
sueño de toda su vida, el vivir en una casa que tocara tierra,
ya que desde que se casó vivió con nosotros en apartamentos.
Y cumplió otro anhelo, el tener parado su auto en la puerta. Las
dos casas en las que vivió en California fueron una belleza.
Desde Rohnert Park, nos íbamos solitos en el autobús a San
Francisco conversando como dos entrañables amigos, sin que ella
tuviera más esas salidas de carácter. Todo entre nosotros
se desenvolvía en completa armonía. Me aseguraba de reunir
bastante dinero y llevarlo disponible, para cuando estuviéramos
en San Francisco realizar mi máxima ilusión: asunto que
Norita viera en las tiendas y se le antojara, comprárselo. Así,
regresábamos en el bus llenos de paquetes. Llevábamos zapatillas
de marca Puma, vaporosos vestidos hindúes, alhajas doradas de fantasía,
medias y enseres de la tienda GAP. Norita nunca fue una señora
formal que se vistiera como las demás damas serias de su edad,
ni usara joyas. Alguien me dijo una vez: “Norita se viste estilo
Ateneo”. Esto, cuando era joven, me molestaba mucho y no se lo aceptaba,
después me acostumbré y se lo admiraba. Cuando luego de
desencarnar tuvimos que deshacer su armario, me di cuenta que su ropa
era bellísima.
En California fue la época más feliz que viví al
lado de Norita, hasta que comenzó a toser consecutivamente. No
era tuberculosis ni nada contagioso, sus alvéolos pulmonares se
comenzaron a cerrar paulatinamente, era irreversible, no había
medicina. Esto fue el inicio para Norita comenzar a transmutar cada una
de sus palabras mal calificadas dichas en sus salidas de mal carácter.
Casi no podía hablar. Vivió sus últimos meses pegada
a una bombona de oxígeno día y noche.
LLORAR
Lloro, lloro, lloro inconsolablemente la muerte de Norita. No se si fue
el contraste de situaciones tan extremas que viví a su lado, lo
que me hicieron amarla más, o por sus múltiples virtudes,
que todos dicen que muchas de ellas las dejó muy fuertemente impresas
en mí. Sé que sólo dos madres he tenido, mi madre
espiritual, que fue Conny Méndez, y que la lloré como a
nadie cuando desencarnó, y a Norita, mi madre física, que
ahora la lloro inconsolablemente. Creo que por el resto de mi vida, no
tendré tantas lágrimas para otros seres amados míos
que desencarnen, como las he tenido para ellas dos.
INCINERACIÓN
El día 28 de Abril se incineró el cuerpo físico de
Norita en el Daniel´s Chappel of the Roses de la ciudad de Santa
Rosa, California. Seleccionamos el sábado por ser día de
la Llama Violeta del Perdón. Mi hermano Leonardo me escogió
para que dirigiera el Servicio de Desencarnados. Éramos muy pocos.
En una habitación de un bellísimo gris perla, al final,
estaba el cuerpo de Norita en un hermoso sarcófago de cartón,
también gris. Nos sugirieron este material para la más pronta
incineración. Entre toda su ropa, le escogí a Norita una
blusa y falda blanca de algodón, para que la usara el último
día de su existencia física, aunque ya habían pasado
siete días que había abandonado ese cuerpo. Cuando vi el
organismo inerte que había usado Norita, no era Norita, no tenía
nada que ver con ella. Norita no estaba allí.
Durante toda esa dolorosa semana desde que Norita desencarnó hasta
este día, junto a mi papá, fui recogiendo todas sus cosas
de la casa, entre muchas inconsolables lágrimas. Todo lo donamos
al “Salvation Army”, donde los donativos son usados para sufragar
las necesidades de los pobres. Cuando alguien desencarna, uno debe donar
de inmediato toda su ropa a institutos de beneficencia pública,
para deshacer retenciones de energía que puedan atraer el cuerpo
emocional del desencarnado hacia la casa y desbaratar así los núcleos
de dolor que esto pueda ocasionar a los dolientes. Así también,
el sentimiento de agradecimiento de todos los que reciben sus pertenencias,
les llega como energía ascensional a su alma.
Mientras se hizo el Servicio de Desencarnados con el cuerpo presente de
Norita, pusimos de fondo musical el “Kyrie”, cantado por Kiri
Te kanawa, y el “Gloria a Dios”, interpretado por Mercedes
Sosa, de la Misa Criolla de Ariel Ramírez. Luego hicimos sonar
“I left my heart in San Francisco”, llave tonal de la Señora
Crisófae, “Ángel Guardián” de San Francisco,
bajo cuya aura había desencarnado Norita. Para finalizar, se hizo
escuchar “Yo Soy Venezolana”, interpretado por Conny Méndez.
Al clausurar todo, llevaron el cuerpo que usó Norita a la sala
de incineración. Me tocó apretar el botón para que
se encendiera la llama. Dije en voz alta y de forma contundente: ¡Llama
Violeta! y hundí el dedo. Norita había dado origen a mi
cuerpo físico y me tocaba darle a ella, el final de su materia
física inerte. Con el encendido de este fuego nos vino la liberación
del dolor. La incineración es lo más recomendable para un
cuerpo sin vida. De esa manera, aceleramos el proceso de transformación
de la materia y no contaminamos la tierra con más podredumbre humana.
Evitamos la morbosa visita a cementerios adorando la muerte y cultivando
el dolor, en vez de rendirle culto a la vida.
Por el lado de afuera del recinto, vi el humo de la chimenea que elevaba
al cielo los últimos restos físicos de Norita, era una real
y tangible ascensión. Su nieto Andrew estaba a punto de iniciar
un partido de béisbol, y de la incineración nos fuimos a
ver a los niños jugar, que son la continuación de la existencia,
la vida que siempre es interminable y a lo único que hay que rendirle
culto.
En la tarde fuimos a buscar las cenizas. Ya eso era más que nada
de lo que había sido Norita. La nada es la realidad. Norita siempre
fue nada, al igual que somos todos nosotros, pero vivenciarlo de esta
manera tan contundente, no nos daba oportunidad a dudar de esta gran verdad.
EXPANDIENDO
SUS CENIZAS
El domingo 29 de abril, muy temprano en la mañana, nos dirigimos
a Sausalito a esparcir las cenizas del cuerpo que fuera de Norita, en
el lugar exacto que ella me había indicado. Lo hice rápidamente.
Ya el cuerpo de Norita era más que NADA, Ella sólo era espíritu.
Parte de las cenizas que no se esparcieron se las di a mi padre, y le
compramos un bellísimo cofre donde las depositamos en la casa,
rodeada de flores, una lámina de la “Divina Presencia de
Dios Yo Soy” y un retrato de Norita. Otra parte se las entregué
a Leonardo. Eduardo me dijo que era muy fuerte para él tener en
su casa las cenizas de su madre. La última porción de las
cenizas de Norita eran mías. Sé que esas cenizas no son
Norita, no se si algún día las terminaré esparciendo
en algún lugar, pero por lo pronto las quiero tener. Recordé
ese memorable viaje a Egipto con Norita donde en el museo del Cairo, atenta
me escuchaba y se encantaba cuando le explicaba sobre los “Vasos
Canópicos” donde metían las vísceras de las
momias. En el Daniel´s Chappel, encargué un “Vaso Canópico”
para esta parte de las cenizas de Norita que me tocaba, que irían
para Caracas, donde su sol una vez la vio nacer, en la que una madrugada
salió sola de su apartamento, cerró la puerta, dio vueltas
a la llave, con sus maletas se fue al aeropuerto de Maiquetía,
despegó en el avión American Airlines rumbo a San Francisco,
vía Miami, para nunca…, nunca…, nuca…, jamás…
volver. Cuanto daría por volverla a oír decirme Negrito…
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